Canuto se reía, con una risa cada vez más amarga y exagerada. Al final, la risa se transformó en una tos fuerte, y su cuerpo quedó envuelto en una sensación de desesperanza, como si de repente le hubieran quitado toda la energía, como un muñeco al que le habían cortado el hilo que lo sostenía.
Apretó su puño derecho:
—No me imaginaba que acabaría aquí, y mucho menos que lo haría de esta manera, vencido por ti. Es tan irónico, tan ridículo... Pensé que mi reputación era intachable, pero resulta