La espada grisácea no parecía tener una energía muy fuerte, pero su poder destructivo era enorme. El compañero que había sido alcanzado por ella gritó de dolor mientras caía del aire, y al golpear el suelo, perdió la vida instantáneamente.
Esta escena llenó de desesperación el corazón de Walberto. Fue entonces cuando vio la herida en su espalda: una misma espada grisácea estaba clavada en él, y el dolor era insoportable.
—¡Ahhh! —gritó Walberto antes de desplomarse al suelo. Con un solo ataque,