Antes de que Teo pudiera terminar de hablar, se escuchó a alguien gritar desde afuera:
—¡Lo hemos encontrado!
Fane levantó las cejas y detuvo a Teo antes de que pudiera continuar. Se puso de pie y miró hacia afuera de la cueva. Vio a Manuel, con una expresión emocionada en su rostro, seguido por un grupo de personas que se acercaban rápidamente hacia ellos. Cuando entraron en la cueva, el espacio que antes parecía espacioso de repente se sintió abarrotado. Manuel, emocionado, presentó a Fane a