Rebeka trató de correr, pero sus piernas no respondían, si se caía la aplastaría la multitud, unos brazos protectores la motivaron a caminar.
—Vamos Rebeka, debemos escondernos.
Rebeka pudo ver que era Guadalupe.
—Niña ladrona, te aprovechaste de mí.
—Después te pido perdón, pero salvarte hoy me da mérito.
Guadalupe la hizo saltar a un pequeño bote pesquero y se cubrieron con muchas redes y ambas rezaron por no ser descubiertas, el olor a pescado en descomposición era nauseabund