Diego sintió como su cuerpo reaccionaba a la sensación que conoce bien y sabe que es prohibida.
—¿Qué me diste? —preguntó preocupado.
—Es solo un poco de morfina para el dolor, apenas estoy comenzando.
—Ay Dios mío, debiste preguntarme, preciosa, soy adicto.
Johana dio un paso atrás.
—No lo sabía, Diego, perdoname.
—No pasa nada, no es tu culpa, ya lidiaré con eso.
—Esto es malo, pero solo fue muy poquito.
—No te preocupes —Diego empezó a sudar frío y Johana estaba te