En el próximo pueblo el camión los dejó en una terminal de autobuses, Rebeka y Diego caminaron hasta sentarse en una banqueta pública dando la espalda a la carretera.
—No estás en condiciones de seguir —le dijo Rebeka preocupada.
—Estamos muy cerca de la ciudad aún y no tenemos ni idea de como demostrar la culpabilidad de Halcón.
—Quizás el mejor escondite es precisamente estar cerca, busquemos un hotel.
—No princesita, es donde buscarán primero, busquemos alojamiento para mochileros.
Di