29. La chancla de mamá
AGUSTÍN:
Salgo de esta fiesta con la prisa de un alma atormentada, dirigiéndome al hotel, sintiendo que cada vez estoy más atrapado en la lucha por recuperar a Nicole.
Al llegar al hotel, me acomodo y me doy una rápida ducha. Al mirarme en el espejo, mi mirada se detiene en mi tatuaje, evocando recuerdos de su dueña. Recordarla en su belleza provoca que el dolor resurja con intensidad en mi corazón por perderla.
Me cambio a un pijama y me dirijo al bar de la suite. Allí