88. ENRIL
Mientras Enril, sin soltar la mano de Leía, entró con ella en el salón del trono. Al cerrarse la puerta tras ellos, la abrazó muy fuerte y la besó apasionadamente. Se moría de ganas de hacerlo, desde que Serafín le borrara las memorias, no había podido. Al separarse, ella lo miró toda sonrojada.
—¿Qué haces? —preguntó, aún sin poder creer lo que estaba pasando y alejándose un poco de él.
Enril la observaba embobado. Realmente la encontraba preciosa así, tan tímida y ruborizada, tan distinta a