87. LEÍA
87. LEÍA
Leía se adentraba con cautela en el bosque, cubierto por un denso manto de nieve que amortiguaba sus pasos. Los enormes pinos y robles parecían vigilantes silenciosos, ataviados con suaves tocados de escarcha que centelleaban con la tenue luz del atardecer. El aire gélido teñía sus mejillas de carmín e inflamaba su pecho con cada respiración.Un torrente de emociones en conflicto inundaba su mente. Su corazón aún saltaba desbocado y una tibia felicidad brotaba en su pecho al recordar c