Cautivada por el CEO. Capítulo 33. Las tareas se me dan muy bien
Indrí puso los ojos en blanco en cuanto escucho la exculpación de la jueza. Aquello solo le revolvía el estómago en lugar de sentir algún tipo de remordimiento porque sabía con perfección como había transcurrido aquella historia con su nieta.
Matilda la veía atenta, esperando una señal de arrepentimiento o de confesión ante las palabras de la señora que la veía del mismo modo, pero en su lugar las dos mujeres solo obtuvieron un:
—Sí, su señoría, pero eso no es el caso de ahora y a lo que estoy