Mundo de ficçãoIniciar sessãoComo cada mañana, Pablo fue a desayunar a «La Perla» antes de entrar a trabajar y se sentó en el mismo sitio de siempre. María le sirvió un café y unas magdalenas caseras que había hecho para dárselas a sus sobrinos.
—¡Que buenas están estas magdalenas! —dijo Pablo.
—Son caseras y elaboradas por mí —respondió ella.
—Pues están muy buenas, te lo digo de verdad.
—¡TITAAAA, TITAAAA! —entraron los sobrinos de María corriendo en el bar.
—Niños, con cuidado,







