Confidencias entre sombras
La luz del atardecer comenzaba a teñir de tonos cobrizos el ventanal del despacho privado de Alexander en la mansión Blackwood. El silencio de la casa solo se interrumpía por el leve chasquido de la leña en la chimenea y el tintineo del cristal cuando Alexander sirvió dos dedos de whisky en un vaso bajo y se lo ofreció a su prima.
Julieta tomó el vaso con ambas manos, buscando el calor del cristal más que el trago en sí. Se acomodó en el gran sillón de cuero frente a