Arturo soltó una carcajada baja y negó con la cabeza, mirando a su hijo.
—Así es. Nada de qué preocuparse. ¿Estás listo para ir a trabajar? Las reuniones de hoy en la empresa no se van a atender solas.
Alexander sonrió de medio lado. Caminó hacia ellos y envolvió a ambos en un abrazo rápido y afectuoso.
—Claro que sí, papá. Estoy listo —dijo, aunque su mirada inevitablemente se desvió hacia la puerta que daba al patio exterior—. Pero antes de salir, quiero ver a mis hijos y a Elena.
Victoria lo