El eco de la plenitud
Dos meses habían transcurrido desde que la tormenta comenzó a amainar, dos meses en los que los días parecieron adoptar un ritmo distinto, pausado y tibio, como el sol de mañana que entraba a través de los ventanales de la mansión Blackwood.
Victoria se encontraba en la penumbra tenue de la sala principal. De pie junto a la enorme ventana de guillotina, sostenía entre sus manos una taza de té cuya humareda ya se había extinguido por completo. Su mirada, fija en el exterio