Las sombras del hogar
El rugido del motor del auto de Taylor se extinguió frente a la modesta fachada de la casa de Elena. El silencio de la calle residencial, salpicado por el lejano ladrido de un perro, se sintió como un bálsamo después del ruido ensordecedor de los Blackwood. Elena se quedó un momento mirando a través del parabrisas, sintiendo que el peso de la "falsa Andrea" se quedaba en el asiento trasero.
—Bueno, espero que tengas un fin de semana feliz con tu hijo, Elena —dijo Taylor,