El peso de la memoria
La mañana en las oficinas centrales de Blackwood Industries comenzó con una calma engañosa. Alexander estaba sentado tras su imponente escritorio de caoba, rodeado de informes financieros y carpetas que requerían su firma, pero su atención estaba a kilómetros de distancia. En su mano derecha, su pluma de plata giraba de forma rítmica, un tic nervioso que delataba el torbellino que rugía en su mente.
—¿Por qué? —susurró, su voz apenas un eco en la inmensidad de la oficina—.