Mundo de ficçãoIniciar sessãoEsas palabras fueron como brasas ardientes quemando su alma. No pudo soportarlo más; entonces se levantó y con pasos rápidos se alejó. Atravesó el patio sin mirar atrás. En cuestión de segundos salió a la calle. Justo en la entrada, se topó con don Nicolás - ¿Adair? - el viejo se sorprendió; pero Adair no le dio tiempo de hacer más preguntas cuando lo esquivó y se fue - ¡oye!, ¡regresa! - lo ignoró. Como si no fuera más que el zumbido de una mosca. Por esa vez, no le tuvo m







