Capítulo XXI: Perdido

El agua chapoteaba con cada paso apresurado. Las gotas se esparcían alrededor. Como si estuvieran abriendo camino recibiendo a Adair con gusto. El liquido se miraba oscuro. Las rocas en el fondo producían un resplandor blanco. Como si fueran un millón de ojos que aseguraban que Adair cayera en la locura. Manipulado por el hechizo del bosque. Retenido por las ramas de los árboles. Atrapando su mente y envolviéndola en el dolor para que nunca pudiera escapar.

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