Mientras seguía dando vueltas al bloque se escucharon pasos en la calle. El sonido se acercó hasta que se detuvo justo en la puerta. Adair sudaba profusamente de los pies a la cabeza. Su camisa se humedeció, pegándose a su cuerpo. La tela le resultaba incómoda al rosarse contra su piel. Sacudiendo su cuerpo, levantó el bloque. Trató de seguir las indicaciones que Caeli le había dado; pero, seguía siendo muy difícil. Supuso que no podía comparar la practica que tenía, a pesar de que su cuerpo er