Adair sonrió apenado. Preguntándose si era notable su ansiedad. Pero aún así estiró el brazo - Con permiso - ignoró la vergüenza al escoger el siguiente, esa vez, de una forma diferente.
-Sabroso, ¿no? - mientras comía, Nicolás preguntó.
-Sí, muy bueno - Adair se deleitó con el sabor hasta que se lo acabó. Sintiéndose lleno, le fue difícil beber el resto del café. Cuando terminó, bajó la taza y soltó un largo suspiro - ¡Aah! - depositó la taza en la mesa produciendo un suave sonido. Su estómago