De cerca y a la luz del día es aún más hermosa. Eso, sin contar que va sin ni una sola gota de maquillaje. Simplemente increíble.
Mientras tanto, su mirada azulada, me inspecciona con indiferencia y aburrimiento.
Joder, hiere mi ego.
Aun así, yo le dedico una sonrisa torcida, pero ella no se inmuta.
—¿Necesitas ayuda, dulzura?
—¿Estás siguiéndome? —cuestiona.
—Así es —digo con descaro—. Y deberías agradecerme que lo haya hecho, de lo contrario tendrías problemas para transportar todo eso. —seña