Él salió, se topó nuevamente con Fernando en la salida del cuarto y los dos se miraron.
- Espero que entienda que mi tía está bajo una fuerte emoción.
- Y muy bien instruida a no decirme la verdad.
- Si puede probar lo que dice, siéntase libre comisario.
- ¡Ya estoy en ello, muchacho!
Fernando entró en la habitación.
- No le dijiste nada, ¿verdad, tía?
- No, me hice la olvidada como tú dijiste. Este hombre, a pesar de ser joven, no va a dejar esto sin castigo, me sentí por la forma en que me mi