Charla para nada incómoda.
Ibrahim
Sabía que no sería fácil, volver luego de tantos años y ver a mis adorados hermanos me hizo reconocer lo que antes temía, sí soy el hijo de puta que Amin decía, no con palabras, sus ojos lo expresan todo con lujo de detalle.
Éramos los mejores amigos, nos contábamos todo, desde los sucesos felices hasta los tristes. Nos llevábamos tan bien entre los dos que teniendo una mansión dormíamos en la misma habitación, eran algo así como pijamadas diarias dónde los demás se unían cada tanto.