—Pero hay algo que quiero saber... —soltó Melani, cortando la ligereza del momento. Su voz bajó un tono, adquiriendo esa vibración seria que Lale conocía muy bien.
Lale dejó su taza sobre el plato con un tintineo limpio. Leyó la sutil rigidez en los hombros de su amiga y se inclinó levemente hacia adelante, apoyando los antebrazos en la mesa.
—¿Qué te preocupa?
Melani sostuvo la mirada de Lale un segundo antes de desviar la vista hacia el patio del café, como si buscara las palabras exactas