Melani
Siete días. Ese es el tiempo que tarda un mundo en desmoronarse por completo.
Pasé la semana en un silencio que asustaba incluso a mi propia sombra. Mi apartamento, el refugio que había construido lejos de Diego, se sentía como una sala de espera. Mi amiga intentaba llenarlo de palabras, de café caliente y de planes para un futuro que yo aún no podía visualizar. Yo solo asentía, moviéndome en modo automático, tratando de procesar el fracaso de lo que una vez intenté sanar. Me dolía e