224 - El amuleto.
El ambiente en la habitación se tornaba más denso con cada segundo que pasaba. El fuego de la chimenea lanzaba sombras danzantes en las paredes, pero no lograba disipar el frío que Fabio sentía en lo más profundo de su ser. Había algo oscuro, profundo y peligroso en todo aquello, y él lo sabía. Sin embargo, al ver la determinación en los ojos de Guisselle, supo que no podía detenerla. Tenía que dejarla seguir adelante, aunque no entendiera ni creyera en lo que estaba ocurriendo.
Jazmín, quien