Jazmín estaba sentada en el borde de su cama, su mente un torbellino de pensamientos y emociones. El miedo y la incertidumbre la consumían, y sentía que estaba al borde de un colapso nervioso. Decidió que no podía seguir así; debía hacer algo para proteger a su hijo y mantenerlo a salvo. Con manos temblorosas, tomó su teléfono y marcó el número de Daniel.
— Daniel, necesito que prepares la habitación. Me voy a mudar allí con el bebé — dijo Jazmín sin preámbulos, su voz cargada de determinación.