La Mansión

ALEJANDRO

Conduje directamente desde la pista de aterrizaje.

Fernández lo supo sin que yo tuviera que decir nada. Tomó la ruta hacia la mansión de Don sin que pronunciara una sola palabra, y yo me senté atrás con el teléfono en la mano y las palabras de Beauty clavadas en el pecho como algo con bordes.

Mariana Montoya.

Había sabido que venía. Desde el momento en que Beauty dijo “Montoya”, supe qué nombre estaba al final de esa frase, porque solo había una persona en la familia que tenía tanto e
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