CATALINA
Alejandro estaba listo desde las ocho.
Lo sé porque cuando bajé a las ocho y cuarto, él ya estaba en la sala con la chaqueta puesta, el teléfono en la mano y esa expresión particular que tenía cuando intentaba no parecer que estaba esperando.
—Te ves listo —lo molesté, caminando hacia él.
—Lo estoy —se encogió de hombros—. No quería hacer esperar a Marisol.
Le dediqué una pequeña sonrisa. —Se está arreglando, se unirá a nosotros en un momento.
Me miró por un segundo y luego apartó la v