La cena transcurría en un silencio incómodo, roto únicamente por el entrechocar de cubiertos contra la porcelana. Mi abuelo pidió una botella de vino y, de pronto, se sumergió en una conversación de negocios con Daylon, ajeno a todo lo que no fuera aquel tema. Mis tíos, todavía con el rostro serio, fueron sumándose poco a poco; incluso mi padre intervino, eligiendo cada palabra con extrema precaución.
—Bien —habló mi abuelo, recuperando una calma que parecía casi cálida, pero que escondía un fi