Me removí en el cómodo sillón negro de la oficina de Daylon, aún medio dormida. El frío del aire acondicionado me hizo estremecer, recordándome que seguía en pijama. Abrí los ojos con pesadez y parpadeé un par de veces. No había ruido, pero el silencio no era tan reconfortante como esperaba.
De golpe, me senté al recordar que no estaba en mi habitación. Miré a mi alrededor; la oficina de Daylon estaba impecable, como siempre, pero no había ni rastro de él. Me quedé un momento quieta, esperando