Capítulo 54: En mis manos.
Roxanne se cruzó de brazos. Un segundo, solo uno, cerró los ojos como quien calcula la jugada siguiente en el tablero.
Al abrirlos, ya estaba de nuevo compuesta.
—Entonces ve —aceptó la mujer—. Pero recuerda quiénes somos y qué nos deben. No hagas una estupidez, y recuerda que el amor, hijo… el amor también se negocia, se compra, se obtiene a la fuerza, tarde o temprano.
Él sonrió de lado, esa sonrisa cansada de un hombre que ya ha decidido.
—Como digas… —murmuró.
Se dio la vuelta, recog