Era el, m*****a sea, era el Zamir justo frente a ella, con una mirada fija, con un rostro sombrío y pálido, parecía haber perdido un poco de peso y su rostro ojeroso lo hacía ver enfermo.
¿Como era posible? El Zamir, sin guardias, sin empleados a su alrrededor, completamente solo, con el mismo abrigo que le ofreció antes de que ella se fuera, estaba allí y sabía justamente donde Mia había puesto sus llaves.
- ¿qué haces aquí Zamir? ¿Desde cuando me estas siguiendo? - preguntó Mia mientras mira