Rayan se sentó en la silla al lado de la cama analizando con cuidado el estado de la omega. Sus ojos cayeron sobre el monitor que marcaba sus latidos. Estaban en calma. Lentamente estiró la mano y pasó su dedo por la mejilla de Leticia. Apenas un roce.
—Leti, ¿te acuerdas la primera vez que nos vimos? —comenzó a hablar. No sabía si era escuchado o si era recordado, no se detuvo—. Mostré la pinta de chico duro, rudo y agresivo, pero la verdad es que quedé flechado con solo verte. Nadie nunca se