Mark subía la escalera al segundo piso, con el ceño notablemente fruncido por la interrupción. Elam lo seguía tres escalones detrás, vigilando sus movimientos. Mark, molesto… podía desatar sus golpes, y no estaba para eso. Todavía se estremecía con el sonido que había hecho la cabeza de su hija al romperla contra el cristal. Le era increíble reconocer cómo la chica se había levantado como si nada hubiese pasado.
Una vez en la punta de la escalera, el alfa fue en dirección a su oficina cuando…
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