Para cuando llegaron a la casa de Rayan, Leticia tenía cada parte de su cuerpo empapada en sudor, tanto que la ropa se le pagaba al cuerpo como una segunda piel. Ni siquiera el aire acondicionado del auto la había refrescado. En consecuencia, el alfa no había terminado de abrir la puerta y ya ella estaba entrando y corriendo en dirección a la habitación donde agarró una bolsa bien escondida en la mochila y se trancó en el baño.
No faltaron los segundos cuando escuchó del otro lado Rayan tocando