Nathaniel Hastings subió nuevamente hasta las habitaciones de su madrastra y hermanastro y nuevamente tocó a sus puertas. Ellos salieron con la altivez dibujada en sus rostros y sus cuerpos y Meredith dijo:
— ¿La servidumbre puede bajar nuestras maletas?
— Claro, no soy un tirano querida madrastra — dijo Nathaniel —ya les pedí que vinieran.
— ¡Oh, olvidamos por completo a Emma— dijo Meredith— déjame llamar a su puerta.
— ¡Hazlo!— ordenó Nathan.
Ella de inmediato tocó fuertemente la puerta llama