Falsa promesa
Falsa promesa
Por: Inés Ávila
Charlotte

Charlotte se encontraba con Austin Wilson con el que tenía más de seis meses saliendo, son novios, esa mañana había confirmado una sospecha que tenía y lo llamó para que se vieran esa tarde. 

— Qué bien Charlie— dijo él— también estaba a punto de llamarte porque necesito hablar contigo de algo muy importante. 

Así habían quedado, ella estaba ilusionada con lo que él le había dicho, de seguro le pediría matrimonio y por fin fijarían una fecha, debido a la noticia que ella tenía entre manos lo mejor era que fuese lo más pronto. 

Se esmeró en su arreglo personal, quería estar deslumbrante para su novio, cuándo empezaron a salir no estaba tan entusiasmada por tener una relación, el no le inspiraba confianza, además apenas había cumplido veinte años, pero poco a poco se fue encariñando con el hombre y se vio dándole el sí cuando le pidió que fueran novios. 

Pronto empezaron a tener intimidad física, era lo normal entre una pareja de enamorados como ellos, él tenía veintiocho años y ella  esperaba que pronto la eligiera como esposa, siempre le había dicho que era la mujer perfecta para él.. 

Ella esperaba con expectativas a que él comenzara a hablar, pues apenas la vió le dijo:

— Antes de que tengas algo que decir querida, me gustaría empezar yo con lo mío, a Charlotte le pareció genial y respondió:

— ¡Me parece perfecto cariño! 

Él sonrió algo nervioso, ella pensaba que era natural su ansiedad, espero con paciencia a que él se calmara, pero pasaban los segundos y la aprehensión se apoderó de Charlotte, así que se escuchó diciendo:

— ¡Me tienes en ascuas cariño! ¡Ya termina de decirlo! 

— Tienes razón, disculpa mi crueldad— dijo el contrariado— Charlotte, sabes de mis sentimientos hacia ti, he estado hablando con mis padres y ellos me han exigido de manera amable, a que apresure mi decisión de elegir una esposa. 

Ella al escuchar a Austin decir esto, suspiró satisfecha y se preparó para escuchar la tan anhelada pregunta. 

— Por ese motivo, tenemos que culminar nuestro  noviazgo, sabes que tu y yo no sólo somos de la misma élite social,  eres pobre, como comprenderás, en mi estatus de hombre de negocios, no puedo elegir a alguien por debajo de mi rango social. 

Charlotte abrió la boca y los ojos al mismo tiempo por la sorpresa que experimentó, ¿qué estaba diciendo? Aquello tenía que ser una broma de muy mal gusto de parte de su novio, muchas veces le dijo que a él no le importaba si ella no tenía dinero, para eso él lo tenía. 

— No te entiendo cariño, ¿a qué te refieres? — dijo ella confundida por completo, nunca te importó si tenía dinero o no. 

— Lo sé, pero mis padres me han amenazado Charlie,por eso es mejor que no nos veamos más, no podemos ser novios, mucho menos establecer un compromiso de matrimonio, tu no tienes un centavo como patrimonio, ¡Tu padre es solo un empleado de Seguridad de mi empresa! 

— ¡Eso lo sé y hasta ahora nunca te había importado ¿Por que esa tontería es importante ahora? Además se supone que nos amamos y lo  menos importante es el dinero— dijo ella reflexionando. 

— En éste caso sí es importante porque  son mis padres los que no desean que me relacione con una pobretona— dijo él. 

— ¿Te estás escuchando Austin? ¿Acaso eres un pelele? ¿No tienes decisión propia?— preguntó ella enojada— yo no estoy contigo por dinero, si no por ti mismo. 

— ¡Lo sé, cariño y lo siento! Charlotte, no puedo hacer nada por tí, ya me comprometí y voy a casarme con otra chica— dijo él con crueldad. 

Ella movió la cabeza en un gesto de incredulidad, se había acostado con éste pusilánime, pensando que era el amor de su vida, al punto de haberse embarazado, ¡Que idiota había sido! Sintió lástima por él, ¡Ella era la que le quedaba grande como mujer! 

Se levantó para salir y él intentó detener a la chica diciendo:

— Tú también querías decir algo, ahora es tu turno. 

Ella lo miró y dijo:

— ¡Ah sí! Pensaba decirte que estoy esperando un hijo, pero ahora solo digo: ¡Vete al demonio! 

Salió de allí caminando muy erguida, no podía creer que había perdido seis meses de su vida con aquel cretino, se dirigió a casa, necesitaba hablar con su padre de lo que el idiota de Austin le había hecho;.vivía en una pequeña casa de solo dos habitaciones, allí estaba su padre, ella venía a contarle la desgracia que le acababa de suceder, pero lo vió derrotado por completo. 

— Papá, ¿qué tienes, estás enfermo? Tu cara me asusta, cuéntame por favor— dijo ella. 

— Tengo terribles noticias hija, me despidieron de mí trabajo— dijo él con tristeza— ¿puedes hablar con tu novio? Debe haber un malentendido. 

Entonces ella se dió cuenta que Austin era lo peor que le había sucedido. 

— No papá, no hay  ningún error, sé deshizo de nosotros porque  somos un estorbo en sus planes 

— ¿Hablaste con él? ¿Te lo dijo de esa manera? — preguntó su padre contrariado— ¿Y su promesa de ascenso? Solo fue para conseguir que fueras su novia. 

— Austin me terminó, va a casarse con una mujer de su estátus social, así me lo echó en cara— dijo ella con tristeza— ¡Es un idiota! ¿Qué vamos a hacer papá? 

Él movió la cabeza de un lado a otro de manera negativa. 

— Conseguir otro trabajo y tú olvidarte de él— dijo el padre de Charlotte. 

— ¡Oh papá, es que hay algo más que necesitas saber— dijo ella a punto del llanto— Me acosté con él, pensé que era sincero en sus promesas, y ahora estoy embarazada. 

Él se pasó las manos por sus cabellos angustiado, pero  ella dijo:

— No te angusties papá, saldré adelante con mí hijo, hay que seguir, yo voy a trabajar para los dos— dijo ella— hay que yo tengo unos ahorros, con eso podemos vivir si deseas conseguir algo, pero no te apures. 

— También debo trabajar, ahora crecerá la familia, con mí nieto, me alegra por un lado, pero me entristece la maldad de ese muchacho, de verdad creí que era sincero, cuando habló conmigo. 

Ella lo abrazó, sabía que no estaba nada fácil la vida para los dos, y menos con un bebé en camino, pero no se iba a dejar vencer, era joven y podía trabajar, mientras no se notara su embarazo, ya después vería que se hacía. 

— Voy a caminar un rato papá, estaré acá para preparar la cena, necesito pensar— dijo ella.

Él sonrió y la vió salir, ¿qué podía decirle?

Charlotte no era una mujer pesimista, al contrario, siempre veía soluciones donde otros se rendían, salió hasta un pequeño parque, necesitaba buscar alternativas para solucionar, se sentó en uno de los bancos, el sol aún estaba alto, veía a las personas caminar cada quien sumergida en sus asuntos. 

Pensó en Austin y en su bebé y entonces se dió cuenta que estaba sola, por nada del mundo se iba a deshacer de su embarazo, saldría adelante a pesar del panorama oscuro que tenía por delante, no pudo evitar las lágrimas, aunque no era llorona, pero ésta vez necesitaba dar rienda suelta a lo que sentía. 

Un hombre se sentó al lado de ella y le ofreció un pañuelo, ella se volvió a ver de quien se trataba y él la miró con una espléndida sonrisa. 

— ¡Gracias! — dijo ella. 

— Al parecer estás en problemas— dijo él solidario

Ella se sintió incómoda ante la presencia de este hombre con aire de salvador, notó que estaba muy bien vestido. 

— Como cualquier persona— dijo ella evitando decir algo más.

Él se sentó al lado de ella. 

— Quizás, si me lo cuentas, podría ayudar— dijo él. 

 Charlotte se removió incómoda en su asiento.. 

— No estoy acostumbrada a publicar mis problemas con desconocidos— dijo ella.

Él se levantó y se colocó al frente de ella y dijo:

— Vamos a solucionarlo de inmediato; soy Nathaniel Hasting, señorita, un placer conocerte. 

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