Capítulo 4

Akem

Ese brillo en los ojos aún no lo ha perdido, sigue siendo esa mujer sensual, decidida y arrogante. Estoy molesto pero a la vez feliz; mi pequeña, mi diosa, mi principessa no murió y no saben lo conmocionado que ando pero me hierve la sangre durante meses lamentando una muerte que en su efecto no ocurrió.

¿Y mis hijos?

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