CAPÍTULO 8. ¿De verdad lo vale?
Stefano se quedó paralizado por un segundo, un solo segundo antes de echar a correr detrás del ruso. Lo vio entrar a una habitación tan blanca como todas las demás y sentar a la muchacha al borde de algo que parecía una bañera. Le quitó la ropa apurado, dejándola solo con el pequeño negligé que llevaba debajo de la ropa de trabajo y la metió en la bañera, abriendo el chorro de agua fría.
—¡Maldición, maldición! —gruñó furioso cuando vio que su piel se ponía de un rosa más vivo.
—¿Qué es lo que