Aunque sabía muy bien que los de la secta de los Wilson me seguían, Marco y yo hacíamos nuestras vidas como si no pasara nada. Paseábamos por la ciudad cogidos de la mano o abrazados, cenábamos o comíamos en los restaurantes que queríamos, Una noche nos fuimos a un Club muy famoso que yo deseaba conocerlo, aunque no podía entrar cualquier persona ya que era muy selecto, pero Marco era muy amigo de mucha gente y el portero del Club al conocerlo nos dejó entrar enseguida. Una vez dentro del local