CAPÍTULO 93. Un hermoso comienzo
Y la verdad era más fácil decirlo que hacerlo, porque sin importar lo gracioso que se viera Samuel andando de rodillas desde la sala hasta la habitación de Naiara, en pleno escándalo lleno de ánimos del abuelo, como si aquello fuera una carrera de larga distancia, no hubo forma de la muchacha le abriera la puerta del cuarto.
—¡Medidas desesperadas! —sentenció el abuelo—. ¡Por la ventana será!
Y esas fueron sus últimas palabras antes de irse a dormir.
Samuel, que por supuesto ya era más respetuo