CAPÍTULO 29. Un hombre mediocre
CAPÍTULO 29. Un hombre mediocre
—¡Te dije que no la buscaras! ¡Te advertí que no la acosaras! —exclamó Samuel entrando al despacho de su padre de un portazo, y Francisco Leal lo miró como lo miraba cada vez que su mayor orgullo se convertía en su mayor dolor de cabeza—. ¡Pero en lugar de eso me hiciste el caso del perro y te fuiste directamente a meter en la finca de los Bravo!
Su padre se puso de pie y le hizo un gesto de fastidio.
—¡Ay por favor, no fui a amenazarlos a punta de pistola! —espe