CAPÍTULO 10. Un instinto entrenado
CAPÍTULO 10. Un instinto entrenado
El golpe furioso en la mesa hizo que Francisco Leal levantara la cabeza y mirara a su hijo con los dientes apretados, pero finalmente se echó atrás en la silla ejecutiva mirándolo con la misma displicencia que usaba con cualquiera de sus oponentes cada vez que peleaba por la alcaldía de Villahermosa.
—¿Te quieres explicar? —respondió con tono severo y Samuel no se tragó ni por un segundo aquella inocencia.
—¡Naiara! ¡Naiara Bravo! ¡La nieta del señor Félix!
—¿