Llegamos a la cabaña en cuestión de minutos, pasando de la risa a una descontrolada pasión que nos sumergió en un mar de emociones y sensaciones que crecían y se arremolinaban en nuestro interior con demasiada fuerza.
Bruno me acorraló en la misma puerta, sujetando mi cabello y mi nuca con sus grandes manos mientras su boca exploraba la mía con una ansiedad que dejaba ver hasta entonces, dejando en claro lo mucho que me deseaba, como si no existiera nada que lo hiciera contenerse.
Me besaba com