FERNANDO
Entré a su casa en silencio quedándome cerca de la puerta para darle tiempo a qué dijera algo.
Rocio se detuvo de espaldas a mí mientras el agua que se escurría de su cuerpo iba formando un charco bajo sus pies. Yo también estaba mojado pero el abrigo que traía puesto había evitado que mí cuerpo se emparara.
—Deberíamos secarnos —murmuró mientras tomaba un par de toallas de un pequeño armario y luego extendió una hacia mí.
—Gracias —me quité el abrigo y comencé a secar mí cabello mien