FRAGIL CORAZON
FRAGIL CORAZON
Por: ZUKIRO
CAPITULO 1

¿Cuando comenzó?... En realidad no lo sé.

Supongo que las cosas se fueron dando de esta manera y no hubo nada que yo pudiera hacer para evitarlo.

Tampoco he podido hacer el esfuerzo de dejarlo, al final termino siendo tan vulnerable a este amor que simplemente no puedo hacerlo.

Incluso me he preguntado, ¿a qué se debe está debilidad que tengo hacia él?, el porque vuelvo a caer en sus redes una y otra vez como una obsesión enfermiza de la cuál no puedo escapar, y por más de que intente poner distancia entre nosotros, a él solo le basta sonreírme para obtener lo que quiera de mí, porque aún yo me conformo con estos efímeros momentos que disfruto a su lado.

Puedo parecer patética, pero cada vez que pronuncia mi nombre o susurra esas palabras sucias en mi oído mientras hacemos el amor, siento que soy especial para él y aunque sé que no soy la única en su vida; cuando estamos solos dentro de estás cuatro paredes, soy yo a la única que ama. Pero lamentablemente esa hermosa ilusión desaparece en cuanto vuelve a colocarse esa alianza dorada, esa simple alianza que simboliza una promesa que no tiene conmigo y que lo aleja de mi lado una vez más.

Por último hace lo mismo de siempre, se coloca el abrigo y se dirige hacia la puerta sin siquiera mirarme, como si eso aliviara un poco la culpa que siente por haberse acostado conmigo.

—No me contactes, yo te llamaré —me dice antes de atravesar la puerta.

—De acuerdo... —susurro mientras cubro con la sábana mi cuerpo desnudo.

El sonido de la puerta cerrándose detrás de él y el silencio abrumador que me envuelve solo me recuerda cuál es la cruel realidad generándome una angustia imposible de soportar.

La tarifa solo cubría hasta las 23, quedándome solo media hora para desocupar este cuarto de hotel barato ubicado en un lugar remoto de la ciudad, en dónde nadie puede vernos porque después de todo solo somos dos amantes haciendo algo indebido.

Después de llorar por algunos minutos hice lo que normalmente hago luego de que se va, me dí un baño rápido y volví a ponerme aquel vestido de segunda mano para volver a mi vida cotidiana, esa en donde él no está.

Desde un principio sabía que esto sería así, en todo momento estuve de acuerdo con las reglas del juego, solo era sexo y nada más, tampoco puedo culparlo por haberme involucrado más de la cuenta en esta extraña relación.

Quizás me tocó ser la inocente chica por la cual hace hasta lo imposible para hacerlo feliz, siento que soy la amante olvidada que solo es usada y descartada cuando ya no se le necesita, estando por siempre a la sombra de la hermosa damisela que ocupa un lugar que yo anhelo con tanta desesperación.

Bajé uno por uno los escalones hasta la precaria recepción de aquel lugar, luego entregué la llave en completo silencio y sin mirar a la cara a la persona que horas antes me había recibido con una sonrisa.

Al llegar a la calle detuve un taxi que iba pasando y apenas me senté, le indiqué la dirección del modesto apartamento en el cuál vivo desde hace un par de años.

A medida que las farolas de la carretera iluminaban tenuemente mi cansado rostro, noté que mi cuerpo olía a shampoo barato de hotel de mala muerte haciendo aún más evidente lo que había pasado horas antes, entonces una sonrisa de tristeza se formó en mi rostro mientras las palabras que nunca pude decirle se atoraron en mi garganta enmudeciendo mi voz.

—Señorita... Señorita, ya llegamos —el conductor tuvo que llamarme varias veces para sacarme del letargo en el cual me encontraba sumergida.

Limpié una lagrima que escapó de mi ojo mientras intentaba recuperar la calma para así poder pagarle al chófer.

En cuanto bajé del automóvil, recorrí el camino de cemento que conduce al deteriorado edificio en el cuál vivo, luego subí las escaleras hasta el segundo piso ya que el ascensor dejó de funcionar hace tiempo y por último me detuve frente a la puerta del departamento 13 B.

Solté un suspiro de frustración mientras buscaba la llave dentro de mí bolso , luego entré sin encender la luz y sin siquiera quitarme la ropa, me dejé caer sobre la cama en donde me abracé a la almohada.

—Buenas noches mi amor... —murmuré antes de quedarme dormida.

Otro día más en este extenuante y tan poco gratificante trabajo.

Si hubiera sido por mí, jamás habría puesto un pie dentro de esta compañía, pero debido a la cantidad de deudas acumuladas que tengo, sumado a mi inexistente experiencia laboral, tuve que aceptar el puesto que él me ofreció dentro de la empresa de su padre.

Al no haber terminado mis estudios universitarios fuí relegado al sector de ventas, bajo el mando de un maldito bastardo que se cree que por ser el encargado puede maltratar a los empleados a su antojo.

Él no solo me envía a prepararle el café como si fuera su mucama , también crítica mi trabajo, siendo que yo, soy la empleada que más ventas registra a diario.

Sin ir más lejos, hace un momento me pidió que le sirviera una taza de café y luego se la dejé sobre su escritorio como de costumbre, pero no hizo más que probarlo y de inmediato lo volvió a escupir dentro del recipiente.

_ ¿Que es esta m****a? ¿A ésto le llamas café?_ El bastardo se aseguró de decirlo bien fuerte para que todos lo oyeran.

_ Lo siento. La próxima vez lo haré mejor._ Traté de ignorar aquello y me dirigí hacia mí escritorio para seguir con mi trabajo.

No pasaron ni cinco minutos hasta que ví al encargado venir hacia mí cubículo mientras negaba con su cabeza.

_ ¿Que carajo significa este reporte de ventas?_ Me arrojó los documentos en el rostro._ Hasta un niño de seis años lo haría mejor que tú.

Mi paciencia había llegado al límite y si no me calmaba pronto, iba a romperle la cara al maldito imbécil.

_ El informe está bien confeccionado. Esos son los porcentajes de ventas que tuvimos durante la última semana._ Comencé a recoger los papeles del piso.

_ ¡Eres una incompetente!. Cómo se nota que fuiste contratada solo porque eres amiguita del hijo del dueño._ Me susurró mientras sonreía irónicamente logrando que mi molestia se disparara.

No sé que pasó por mi mente en ese momento, pero me enojé tanto debido a sus insinuaciones que sin pensarlo lo golpeó con la carpeta del formulario que estaba levantando del suelo y prácticamente lo golpee tantas veces que no le dio tiempo a defenderse hasta dejarlo estampando contra la pared.

_ Óyeme bien, imbécil. Tanto tú como yo, somos dos insignificantes empleados que trabajamos a diario por un maldito salario. ¿Quién carajo te crees que eres para tratarme así delante de los demás?_ Lo tomé con fuerza de la solapa del saco haciendo que se asustara._ Si vuelves a humillarme de esa manera te voy a destrozar ese asqueroso rostro que tienes. ¿Oíste?

_ Si...si..._ Balbuceó como un cobarde.

Lo empujé fuertemente haciendo que se chocará contra la pared una vez más, para luego apuntarlo con el dedo.

_ La próxima no será una advertencia.

Por último salí del depósito con dirección a la terraza, estaba demasiado nerviosa y si no me calmaba de seguro iba a cometer una estupidez mucho peor.

Subí corriendo los cuatro pisos hasta llegar a la azotea en donde me dejé caer sentado al piso y me cubrí el rostro con las manos.

Desde que volví a esta m*****a ciudad las cosas han ido de mal en peor y siento que estoy a punto de colapsar.

Pasado unos minutos saqué los cigarrillos del bolsillo de mi abrigo y encendí uno para tranquilizarme un poco, luego de levantarme del piso caminé hacia la baranda en donde me quedé observando los edificios de la ciudad mientras fumaba.

_ Tendrás que controlar ese temperamento de m****a que tienes._ Escuchar su voz en un momento como éste era lo último que necesitaba.

_ ¿Ya te fueron con el cuento?_ Respondí sin siquiera voltear a verlo.

_ El gerente de ventas estaba furioso. Dijo que lo agrediste y amenazaste.

_ Que agradezca que no le arranqué los ojos._ Murmuré con el cigarrillo entre mis labios.

Él se acercó a mí rostro quedando a pocos centímetros de distancia y entonces tomó aquel cigarrillo que tenía en mi boca para luego comenzar a fumar de el.

_ Si sigues cometiendo errores no podré seguir cubriéndote las espaldas aquí dentro, y no creo que quieras perder tu trabajo con todas las deudas que tienes._ Exhaló el humo.

_ No me fastidies._ Intenté quitarle el cigarrillo pero él lo escondió detrás de su espalda mientras me sonreía._ Te divierte esto ¿No es así?

De pronto me tomó del rostro apretando mis mejillas y luego exhaló el humo dentro de mi boca por lo cuál comencé a toser.

_ Me divierte muchísimo._ Dijo sonriendo.

_ ¡Idiota!_ Lo empuje aún tosiendo y luego me dirigí hacia las escaleras mientras lo oía reírse detrás de mí.

_ Oye, ven aquí. No huyas..._

Habíamos bajado un par de escalones cuando nos encontramos de frente con Ruben, el asistente de su padre, por lo cuál me detuve abruptamente en medio de la escalera.

_ Joven Fernando, su padre acaba de llegar y quiere verlo en su oficina.

_ Está bien, ahora voy._ Le respondió mientras pasaba junto a mí.

Por un momento su amplia espalda bloqueó por completo mi visión, él ya no es como solía ser cuando nos conocimos, por aquel entonces era más pequeño de porte y era yo el que siempre terminaba defendiéndolo de los bravucones.

Quién diría que aquel indefenso niño se convertiría más tarde en el causante de mis desvelos.

_ También pidió por ti._ El asistente me sacó de mis pensamientos y cuando reaccioné me di cuenta que ambos estaban mirándome._ ¿Te encuentras bien?_ Ruben me miraba preocupado mientras que Fernando miraba hacia otro lado tratando de no reírse.

_ Por supuesto..._

_ Entonces camina. Al señor Salvatierra no le gusta que lo hagan esperar._ Me ordenó aquél hombre que llevaba más de veinte años trabajando en este lugar.

Caminé detrás de ellos sin decir ni una sola palabra, solo me límite a oír su conversación sobre los nuevos inversionistas y la estrategia de ventas que pondrán en marcha durante las próximas semanas.

Al entrar al despacho del señor Salvatierra, éste se encontraba sentado en su gran sillón de cuero negro, mientras sostenía un puro en su mano derecha.

_ Mis niños... Adelante, siéntense._ Hacía ademanes con su mano indicándonos que nos sentáramos en las sillas que están frente a su escritorio.

_ ¿Para que me mandaste a llamar?._ Fernando se cruzó de piernas mientras observaba fijamente a su padre.

_ Bien, vayamos al grano. He decidido nombrarte vicepresidente de la compañía en la próxima junta de accionistas.

Quizás para cualquier otra persona esa noticia sería bastante satisfactoria pero sin embargo para él significaba todo lo contrario. Lo conozco mejor que nadie y sé perfectamente que estar al frente de la compañía no es lo que desea en realidad.

Lo que aún no entendía era el porque su padre me había pedido que yo también estuviera presente durante esta reunión.

_ Padre, ya habíamos hablado sobre esto. Te dije que aún no estaba preparado para semejante responsabilidad.

_ Por supuesto que lo estás. Te he mandado a la mejor universidad y también te he enseñado todo lo que necesitas saber sobre el negocio familiar. Estás más que calificado para ocupar ese puesto. ¿No es así, Rocio?_ El señor Salvatierra se quedó esperando mi respuesta y entonces entendí porque había pedido que yo estuviera aquí.

Él sabe muy bien que su hijo siempre me escucha y toma en cuenta mis opiniones ya que desde que somos adolescentes siempre hemos sido muy buenos amigos y confidentes.

_ Yo creo que él es capaz de hacerse cargo de la vicepresidencia..._ Noté que Fernando soltó un suspiro de frustración mientras apretaba su puño.

_ ¿Lo ves? Incluso Rocio piensa que ya estás listo.

_ Ya veo que no voy a convencerte de lo contrario _ Le dijo a su padre.

_ Por supuesto que no._ Apagó el puro en el cenicero.

_ Si es así, entonces acepto, solo con una condición._ Tanto el señor Salvatierra como yo nos sorprendimos al escuchar su respuesta.

_ Está bien.Te escucho.

_ Quiero que Rocio sea mi asistente personal._ Se cruzó de brazos reclinándose hacia atrás.

No podía creer lo que estaba escuchando. Ya era demasiado malo para mí estar trabajando en la compañía de su familia, pero ser su asistente personal eso sí sería mi ruina total.

Me quedé observando al señor Salvatierra esperando a que se opusiera a semejante incoherencia.

_ Sabés que le tengo mucho apreció a esta chica pero sinceramente no creo que esté capacitada para tal puesto.

_ Es cierto. Es demasiada responsabilidad para mí, Fernando necesitas a alguien más competente. Además me siento más cómoda en el sector de ventas._ Traté de persuadir a su padre.

_ ¿Oíste? Élla tampoco quiere ese puesto.

_ Esa es mi condición. Si no dejas que élla sea mi asistente vete olvidando de que acepte la vicepresidencia.

El señor Salvatierra me miró y luego volvió la vista hacia su hijo quien permanecía firme en su decisión, mientras yo rogaba para que no aceptara tal pedido. Por último soltó un suspiro de resignación haciendo que mis esperanzas se esfumaran por completo.

_ De acuerdo. Que élla sea tu asistente._ Se levantó del sillón y luego se paró delante del gran ventanal mientras miraba hacia afuera._ Pero tú te encargarás de enseñarle todo lo que tiene que saber sobre el funcionamiento de la compañía.

_ Lo haré, padre. Le enseñaré muy bien._ Dijo Fernando apretando mi pierna con su mano.

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