⸃୭⇁◡̥ Samuel ⸃୭⇁◡̥
Siempre me había gustado estar sobre su pecho; había en él una calidez difícil de describir, una especie de refugio perfecto que me hacía desear no alejarme nunca de ella. Siempre fue así, desde que nos casamos. Disfrutábamos el uno del otro sin demasiado esfuerzo, como dos amigos que compartían pequeñas rutinas, cómplices de lo cotidiano. Eso era lo mejor: que lo simple se volvía especial entre nosotros.
Como cuando, después de un largo día de trabajo, nos sentábamos a cenar juntos, a reírnos de las tonterías, de las cosas buenas, de lo que nos había pasado. Incluso llegamos a inventar historias absurdas sobre personas desconocidas que habíamos visto solo una vez. Eran tonterías, sí, pero tonterías que nos hacían felices.
—¿Samuel? ¿Te dormiste?
Su voz, tan suave y tan suya, me devolvió a esos días que ahora solo me generaban melancolía.
La había cambiado.
Por miedo.
Por estúpido miedo a enamorarme de algo que, en teoría, no debía haber sido amor. Nuestro matrim