Esperó a que cerrara la puerta antes de acercarse sigilosamente, jugueteando con el botón superior de su camisa mientras apoyaba la cabeza bajo su barbilla. —Es una buena idea ir a mi casa, pero si no te importa, prefiero ir a tu hotel.
Él no dijo nada y ella lo miró fijamente. Él miraba un punto por encima de su cabeza, y la tensión de su rostro le erizó el vello de la nuca.
—¿Pasa algo? —preguntó.
Él la miró brevemente y luego la apartó. —No estoy seguro de que sea buena idea.
—No puedes habl