Se mordió el labio mientras él introducía la mano más adentro, para poder deslizar un dedo en su interior. Sí. Era demasiado, y a la vez no lo suficiente. Suspiró con frustración.
—¿Quieres más?
Afortunadamente, no esperó a que respondiera antes de presionar un segundo dedo dentro de ella. El cuerpo de ella se dilató para amoldarse al deslizamiento lento y resbaladizo de su mano, y se apoyó contra el pecho de él; algo tan sólido como la promesa del placer empezó a hacer que el resto del mundo s